“La luz puede enloquecer”, se titula la nota del domingo 25 de mayo de 1969, que relata el nacimiento de la “boite” “Tiffany’s” de Mendoza al 100. La incorporación al “ruido tucumano” del boliche de “clima psicodélico” proponía a los concurrentes una serie de espectáculos desusados, música y luz estroboscópica.
La idea había empezado en 1967 en una pensión de cinco tucumanos estudiantes de Ingeniería Mecánica que hacían una pasantía en la Daimler-Benz, en Alemania. Eran Ricardo Peyrel, Aldo Mario Capuano, Jaime José Eskinazi, Jesús Fernando Pérez y Carlos María Ponce de León, a los que se unió otro estudiante, Ricardo Salim (Arquitectura) que los encontró en el Soho de Londres.
Pasaron seis meses de estudio y otros seis paseando de una punta a otra de Europa. Cuando fueron todos a España, paseando por la Costa Brava se deslumbraron con un colosal templo bailable. “Era la boite más linda que vimos en la vida”, memoró Peyrel. De allí trajeron el nombre. Salim orquestó la decoración, Carlos O’Donell se ocupó de la parte electrónica; hicieron contactos para proveerse de discos inéditos y de cintas grabadas de California y lanzaron el templo tucumano.
“Luces de distintos colores sincronizadas con la música; graves y agudos coincidían con un espasmódico parpadeo; chorros de luz por los costados y disparos de luz estroboscópica con los que los bailarines parecían quietos o moviéndose en cámata lenta”. Así se describe el clima del baile. “Sin exagerar, creemos tener un 73% de música no escuchada en Tucumán”, agregó Peyrel.
Recuerdos fotográficos: 1942. Nelly Orti, la reina rubia de la zafra“Pared negra con una guarda blanca. Una moquette colorada se amolda a los siete desniveles del local, viboreando por entre las mesas con tapas de vidrio y las dos pistas de baile”. “El techo se abalanza sobre la concurrencia, taponeado de largos tubos de un plástico dorado”. “Sobre el bar o en los vidrios de la ventana, violetas, verdes y negros se entrelazan en un amasijo psicodélico”. En la noche inaugural “se ingirieron 43 botellas de whisky y 35 litros de cocktail, sin contar los 30 cajones de gaseosas”.
Eso era ese “espectacular centro de diversión” llamado “Tiffany’s”.